Si quiere triunfar, negocie con la piratería

Por: Carlos Melian Moreno /  Este artículo fue publicado originalmente el 17 de abril del 2009.

LA DISTRIBUCIÓN. TEMA EN DEBATE EN EL VII FESTIVAL INTERNACIONAL DEL CINE POBRE DE HUMBERTO SOLÁS:

Los realizadores que filman sus películas en digital a menudo se ven golpeados por la piratería. El formato lo facilita. Antes del estreno de sus obras en los cines ya se han propagado millones de copias tanto dentro del territorio nacional como en otros países y esto provoca grandes pérdidas de dinero y hasta el fracaso comercial de un proyecto que pretendía, al menos, recaudar la inversión inyectada. Está claro que para asuntos como esos, los piratas no tienen corazón.

¿Cómo detener una propagación que puede durar un par de horas? Nadie está salvo de la piratería, ni siquiera Hollywood, nadie ha podido hacer nada contra ella y el cartelito que advierte una penalización antes de comenzar cada DVD no asusta y hasta provoca el placer de riesgo. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Habrá que sentarse a negociar con la piratería?

Esa puede ser una opción, el editor cubano Pedro Suárez (Kangamba y Los dioses rotos) y el fotógrafo boliviano Tonchy Antezana (Evo pueblo y El cementerio de los elefantes) propusieron eso: negociar con la piratería, tenerlos en cuenta a la hora de diseñar la distribución, incluso facilitarles copias de óptima calidad a condición de que ellos “estrenen”, días u horas después del gran estreno simultáneo. Esa alternativa les ha funcionado y han podido detener una fuga de ingresos sobre el treinta por ciento.

¿Podría la piratería en ese caso convertirse en el brazo distribuidor de los autores que producen con bajos presupuestos, asumiendo propuestas formales y temas que no interesan a los grandes circuitos de distribución?

Podría ser. Podría encontrarse un modo de distribución que favorezca a la red clandestina y al realizador. Sin embargo, tampoco es un hecho que el mercado sumergido este interesado por el cine de autor. Por ejemplo qué banco de distribución ilegal tiene dentro de su catálogo a Tarkovsky, quién mantiene dentro de sus estantes obras de la nueva ola francesa o autores como el propio Humberto Solás. Seguramente muy pocos.

Los intereses de las redes sumergidas no están muy lejos de los que imponen los grandes distribuidores. Y al artista pues le queda nuevamente hacerse esta pregunta: bueno, por qué haces cine: para hacer dinero o para poder vivir en paz contigo mismo.

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