El nicho

Entonces mis pies se acercan, miro bien donde piso no vaya a haber un musgo. No está muy resbaloso, pero la corriente no te deja tener el dominio. Según el salvavidas son unos siete metros de caída, y allá abajo, cuatro de profundidad, una profundidad turbia e indiferente, como todo en este río. El río del Nicho. Que no duerme. Quiero decir que por las noches no hay nadie que cierre la llave. El agua cae y cae permanente, destruyendo huevadas, peces o camarones a los que es imposible asirse o remontar la corriente. Y yo también soy muy pequeño en todo esto. Y encima de mí hay quizá un par de kilómetros más de caídas y pozas y más caídas y pozas. Y ya he tenido suficiente, dos líos más, el puñetazo y una mandada a la pinga a mis jefes de alcance internacional, y ahora estoy aquí al pie de la cascada, el Salvavidas también me dijo que te puedes tirar de cabeza si lo deseas. Pero conozco y no le creo. Lleva careta y snorkel, mira, pregunta si no hay yumas y se va. Ahí, detrás de sus ojos no veo a un hombre, sino un pico negro y un par de ojitos de cuervo. Un cuervo que pudo ser hombre, y que mira a los hombres ser hombres.

Ahora la corriente da contra mis tobillos hasta la pantorrilla, así que en un mal signo tropiezo, o resbalo, me doy contra la roca y lo que llega flotando es la constatación de aquella mala vibra, no sé si fruto de que todo es más frágil y abocado a empeorar de lo que creemos, si por irnos de turistas sin amarrar lo del alquiler, un trabajo nuevo, o Gio tan lejos de nosotros.

Tres cascadas abajo están Chely y los demás metidos hasta la cintura y temblando de frío, un frío que lo hace todo discutible, relativo, poco cercano. Me miran de pronto, como de pronto se ve algo, y comienzan a contarme, gritando por encima de la corriente: ¡UNOOOO! ¡DOOOOS! ¡TREEEES!… miro el agua helada, la espuma que apenas deja ver donde pisas, ¿qué palabra digo en el aire?, diré: Giovanita, es decir, ¡Giovanitaaaa!, avanzo otro cuarto de metro, la espuma que apenas deja ver ¿Rajarme ahora? no, definitivamente. La vida te pide cosas así. Arnaldo, compañero de lances; de lances, digamos, adolescentes -creer que encontraríamos la zapatilla de Liudmila en aquella sopa de agua salada y albañales de la bahía de Cienfuegos- me mira también desde el trillo, dice que le dio miedo la corriente. Bueno – me digo- ahora lo que resta es ganar la punta, demostrar de qué estas hecho.

Y parece inevitable, debo saltar como lo hizo el Salvavidas, el vértigo comienza a ganar eso que se conoce como “la última palabra”, quiero decir que no hay paso atrás, porque he llegado, y tengo el puño alzado y su cabeza presa en mi brazo derecho. Ah, otro vértigo, y mantengo la idea de que estoy de pié, y de que debo mantener el control, las distancias, los tres ejes. Si resbalo la mejor respuesta sería improvisar un impulso y caer. Chely sube la loma corriendo hacia donde estoy yo y me grita algo, y no sé como pero ya este es el tercer o cuarto golpe que le doy, apenas me ha dado trabajo, y está como cagado de miedo y lo tiro contra el sofá, le sube el tufo a alcohol –ha tomado nuevamente- y le doy tres puñetazos más, sangre de la nariz y de la parte superior del ojo, y le digo a Chely que no lo haré, que voy de vuelta. Muevo un pie contra la corriente, luego otro y otro, y retrocedo de espaldas sin perderlo de vista. Salen mis pies de la corriente, estoy nuevamente sobre la roca y se seca la nariz, y la ceja, de esta última le brota un hilo permanente de sangre que cae sobre las baldosas, y dice ahora sí te desgraciaste, todos dicen lo mismo, pero tomo nota, miro a mis compañeros, y ellos me miran a mí con pena, recojo la mochila y me voy. Cruzo por donde la poza es más profunda, y conquistando el trillo, los tres ejes, el universo, fuera de todo peligro, miro el agua caer.

Me citan tres días después, firmo, una plaza inferior (otra) a la anterior que ya era una plaza inferior, me descuentan, y suspenden pago; caramba, así ni siquiera el alquiler; pido la baja y a la calle; luego el viaje al Nicho, un punto y a parte para que los problemas se arreglen o se alivien; el aviso de dejar el alquiler, quieren acabar con nosotros, dice Chely; otra vez la casa de sus padres y Gio lejana, cada día más lejos, de esta manera te van alejando. Y ahí estoy yo, mirando la cascada.

Llego a la poza junto a Chely y sale burlón el señor cara de cuervo preguntándome que qué me pasó, y yo le contesto la frase más valiente…valiente e inteligente que jamás he dicho: “Cogí miedo”. Su primera cara no comprende, pero allá adentro, el cuervo, sí.

 

***

 

István no juega.

-¿Juegas István?

-No, no juego.

-¿Y por qué no juegas?

-No quiero jugar.

Pero István no se va a dormir a su tienda, se queda allí observando. Bueno, literalmente no observa, porque cierra los ojos y escucha. El juego también es lucha, poder y fuerza.

***

Estábamos todos allí, en la poza cristalina, o como se llame, y parecemos hipopótamos, o elefantes que vegetan todos juntos y apilados. Y allí estoy yo, soy el flaco del short negro que mira a todas partes. ¿Qué dirán, o mejor, qué pensarán si les propongo competir hasta la otra orilla?, estoy loco por hacerlo, pero me pongo a buscarle un título al documental de Rodo, y a aventurar un par de teorías sobre titular. Antes se lo proponía a cualquiera: ¡eh, niño, vamos a ver quien llega primero! Entonces veo que Arnaldo está allí, y a él que a veces le creo tan chama como yo, le grito: eh, mijo, mira esto, ir por debajo del agua hasta allí. Y Arnaldo, que me hace caso, me levanta las cejas como si en verdad le importara o le sorprendiera verme hacerlo y me tiro, doy todas aquellas brazadas y abro los ojos bajo el agua y cuando salgo ¿qué hace el cabrón de Arnaldo?, pues hablar con la vazca del culo alto y el piercing en el ombligo.

***

Este fue uno de los juegos del Rodo: le haces una pregunta al primero, la pregunta debe ser contestada con el nombre de uno de los presentes, por ejemplo quién en el grupo tiene más larga la ya sabes; te paras, te diriges al que crees que la tiene así y le inventas otra pregunta; se la haces en secreto, y así seguirá aquel y luego el otro. Al final todos rebelan públicamente las preguntas que les hicieron siguiendo el orden en que fueron sacados. Entonces cansado del tópico sexual, me da por hacer algo “útil”, y preguntar algo que nos haga mejores personas, pero por la vía del dolor, algo que nos diga cuan equivocados estamos, y me quedo tieso ¿Por qué W no reveló la pregunta que le hice?

***

Estamos sentados el Rodo y yo, y eran las dos de la mañana, los sapos, los grillos y olía a maleza y a eso que huele el monte: a fornicación y crimen vegetal; y habíamos jugado a asustarnos con las historias de Guanabacoa de Camilo, y los títulos de películas, y a hacer preguntas embarazosas, a completar palabras e ignorar a los muertos, y a encontrar al asesino. Y alguna gente se había ido a dormir, y otra ya estaba a punto; entonces le pregunto: Rodo, pensando en mañana ¿no te quedan más juegos? y él responde, no, este es el último. Le digo entonces: y mañana a qué jugamos. Y el responde, a lo mismo. Y yo digo…bueno, realmente no sé que dije, pero este, en aquel momento, me pareció un buen diálogo, solo que ahora no recuerdo porqué. La segunda noche jugamos de nuevo pero mi equipo comenzó a deprimirse, y perdió, y nos lo tomamos en serio, y se nos fue la mano, y llegamos deprimidos a las tiendas de campaña, y ya no me daban miedo las historias de Camilo, ni quería seguir jugando a nada, y ya el monte no olía a fornicación ni a crimen, y sí a soledad, a Holguín, a jefes y subordinados, a exitosos y perdedores y solo quise dormir.

***

Está Liudmila ahí y jugamos a las palabras y los muertos. Entonces ella ha quedado muerta pero no le gusta el veredicto, y comienza a decir con su vehemencia habitual, que eso no solo era una arbitrariedad de Rodo sino una comederademierda, pero nadie le puede hacer caso, y ella sigue protestando, y creo que le habla a Dianet directamente porque también ha quedado muerta. Y todo es muy complicado para mí, y creo que si se lo toma así es porque tiene razón pero parece una de esas discusiones de adultos que yo observaba cuando niño, y en la que cada bando parecía tener la razón, una razón para la que yo era demasiado blando o demasiado bruto. Y entre las dos están dale que te dale, que es verdad que es una comederademierda, y Liudmila está realmente encojonada, creo que hasta le tiembla un ojo, y entonces yo ya estoy confundiéndome, porque soy muy malo para las cosas grupales, y Dianet me dice algo así como Carlos, tienes un mosquito, y yo me mato el mosquito, y por hacerle caso a una muerta, observa Rodo, quedo muerto. Y entonces digo: Liudmila tienes razón, es una comederademierda.

***

A un lado, detrás, allí, con la mirada perdida hacía alguna parte, una curiosidad triste, como la hija de unos médicos a la que llevan el domingo al hospital, un hospital de jardines bien cortados, amplias superficies de mármol y olor a orine en las esquinas. Se interesa por los pacientes terminales, se para frente a uno enganchado a un suero citostático y lo observa con tranquilidad, con una tranquilidad de médico o de funerario. Y parece que sabe, sabe que a ese y a otros que observa les falta poco, se irán poco a poco, como si cada gota que cae y resbala por el suero entrando a la vena fuese una gótica de vida que no llega, y que de alguna manera no entra. Y lo observa todo y no hace preguntas porque nació discreta, y porque ella está viva y porque para ella hay una puerta por la que se irá más tarde en el carro de sus padres.

Estábamos sentados, no sé si esperando el camión de regreso a Cumanayagua, o en casa de la mujer de los batidos, entonces levantó la mirada del suelo y dijo de la nada: “debe ser terrible vivir en un lugar en donde la gente llega y luego se va”.

***

Bien caballero yo pensaba decirles que el Nicho… no sé, me pareció pasao por agua, me pareció turismo, y que odio el turismo y tal. Mi tesis era que deberíamos buscar sitios y emociones extraordinarias como la del Turquino, que nos enriquecieran, por que un escritor… -y la mayoría lo somos, escribimos sin que nadie lo pida para nuestros blogs, para un internauta acosado por el vacío-, …un escritor es como un buitre: saca jugo de la mierda, de la desgracia, de la soledad; cosas que no llena, ni elimina, pero que logra trocar, de alguna manera, en bellas. La bella melancolía, la bella soledad, la bella desesperación que destilan los grandes acontecimientos. Y esa belleza que barniza la desgracia es la que nos acompaña para no enloquecer, y hasta nos hace más plenos. Pero cambié de opinión. Recién me doy cuenta que el verdadero infierno está en lo aparentemente normal, en lo menos extraordinario, en pequeños acontecimientos, que a la larga, sin saberlo, van acumulando un gran montón de basura, o nuestra entrada en la trampa definitiva. El Nicho se parecía al tedio, y al todo resuelto, y al turismo. En aquellas casitas de campaña que imitaban la vida rustica sin serlo exactamente estaba el bicho.

Hay que aprender a sacarlo.

No podemos matarlo pero sí hacerle a gritar… como a la mandrágora…

***

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6 Respuestas a “El nicho

  1. Gracias Carlos…ahora sí me llevo una idea exacta de lo que representó El Nicho..sabes, fue como si estuviese viendo un corto..una película.

  2. Genial mi hermano, que manera de reirme con lo de Liudmila, me emocionó nuestra conversación y me partí de la risa con la mandrágora. Parece que wordpress ya me deja comentar ahora tendré que comentar todos los post viejos, pero empiezo por el tuyo que acabo de leer y disfrutar.

  3. Sí, Rodo, creo que soy uno de los personajes centrales de la obra, jejejejeje Excelente texto. Parece de ficción, pero por suerte, creo que casi todo, o todo, ni sé bien, fue verdad. ¿Los ojos del buitre? jajajajaja

  4. Estremecedor; sobre todo sintiéndose parte de la historia, es para erizarse. ¡C….. que bueno eres escribiendo! cuando sea grande quiero ser cómo tu.. Abrazos….

  5. Me sumo al C… de Itsván y lo que le sigue, eres sencillamente genial cuando te armas de letras. Creo que por eso te callas tanto en “la vida real”. No ir al Nicho ha sido uno de los grandes errores de mi vida, pero ya me desquitare con la Ciénaga. Espero verles allí a Chely y a ti, los novios eternos. Gracias por compartir estos pedazos de historia, a mí me hizo sentir más cercana y parte del momento. Como que no me lo perdí todo. Un beso grande.

  6. Pingback: Del Nicho al hecho | Un Guajiro Ilustrado

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