Por qué a Chávez

Cuando recibimos la noticia Chely y yo lloramos. Luego me metí en el cuarto y lloré solo, como un niño. Y me preguntaba por qué lo hacía. Era ambiguo: ¿por la suerte de mi hija, por el medio donde se mueve mi familia, es decir, la sociedad cubana y su entorno regional?, ¿por mis lazos afectivos con el relato?: su llegada al poder, aquel golpe de estado del 2001, luego su retorno a Miraflores que seguí toda la madrugada por televisión, los referendos que ganó y aquel otro que perdió, la entrada al quirófano, la lucha contra el cáncer (no pretendo enfriar mi discurso, solo busco el origen ¿ok?, ya dije que había llorado ¿ok?); también evoqué, una evocación forzada, como cuando buscas contenido: a los más de trescientos alumnos venezolanos que tuve de orígenes sociales diferentes, sus rostros duros, idiotas, resentidos; ahogados, durante años, en lo de ser poca cosa, o el fracaso. Alguien los colocó en la historia, los sacó de la exclusión, les inyectó la dudosa adrenalina de la revolución y les dio eso que conozco bien. Es difícil o inútil llevarlo a palabras, sé que hay personas muy inteligentes, a las que su ruta de vida no les ha llevado ni les llevará a conocer qué es salir de la exclusión, del agujero de ratas o del sueño hegemónico.

Murió Chávez, ¡qué será de este país! Oía a Gio cantar inocentemente en el cuarto y me decía ¿de nuevo la miseria, los apagones, la neuropatía, los harapos? A veces es tan poco lo que uno puede hacer. Viví todo eso en los noventas, no lo quería para ella, que ya ha pasado por varias cosas en sus tres años. Redacté algo, se lo enseñé a Chely y me dijo que lo veía demasiado frío, que uno llora por otra cosa. Durante toda la noche lo estuve pensando ¿por qué llora uno? Trabajaba de sereno en la Feria del libro, una feria triste por lo de Chávez, recorrí los estantes, tuve toda la noche para hacerlo en la gran librería y no encontré nada sobre este problema del llanto.

Uno llora por egoísmo, o por autocompasión. Por ejemplo lloras porque tu mujer te abandona llevándose a tu hijo, o porque murió alguien cercano y te vez despojado, sientes lástima de ti mismo. Pero ¿por qué lloras cuando recibes una alegría inmensa, o cuando gana tu equipo Cuba de voleibol? Qué dice mi wikitaxi. Bueno, domina un enfoque biologista sobre secreción de glándulas y esas cosas. Al final del artículo encontré lo que quería. Según la investigación psicológica, uno llora ante ciertas noticias porque percibe impotencia ante el mundo. Uno llora de alegría, por ejemplo, porque percibe su pequeñez frente a acontecimientos que están pasando. Recordé la última vez que lloré de alegría, y la última vez que lloré de tristeza, si le das la vuelta … puede ser.

Así que ¿lloraba a Chávez porque fue un hombre que generó una obra que me inflingió beneficios, pero al que no pude sacar de la muerte? Es decir, ¿por nuestra impotencia ante su muerte? Mientras más sientes que necesitas eso que pierdes, mayor es tu sensación de impotencia. Creo que la palabra no es impotencia, sino desvalidez. Bueno, esto tampoco me convence. Deja ver, es muy difícil sin creer que uno se ensucia. A veces, reprimido en la jaula del buen gusto, del intelectual frío, del vacunado contra todo, guardas demasiado tu virilidad, quieres mantenerte limpio de política: lo lloré porque había algo en él de padre, de protector. De pronto pierdes a ese padre, a esa figura que durante años ha levantado un cerco de protección alrededor de ti y cae una buena parte de lo que te daba cobija, de lo que te respaldaba y ayudaba a seguir a delante; lo que te daba algún soplo de esperanza y sentido: una plataforma económica, ideológica, emocional por donde caías en relativa paz, aun sin tú saberlo. Probablemente de eso se trata. Chely me dijo es como si Chávez hubiese sido un sueño y ahora esto es la dura realidad.

¿Adonde quiero llegar con todo esto?, básicamente quiero decir que si es posible, entre las dos variantes: la de llorar o la de querer saber por qué se llora, el segundo enfoque, más razonado, menos alienado, y si se quiere más frío, es el que le hace falta a la revolución venezolana y cubana para salir del bache que la muerte del líder significa. Evidentemente la muerte no es reversible o ajustable, pero una obra sí.

Poco después de recibir la noticia, y llorar abrazados como un par de inútiles, vino la dueña de la casa en que vivimos con una Compradora. La casa no es nuestra y está en venta. A la Compradora, una de esas médicos que viene con miles de CUC de ya saben donde, le gustó el lugar, así que teníamos que irnos, recoger todo e irnos a la calle nuevamente. Pues bueno, estas son las reglas, para mí no es una frase hecha lo del poder del dinero y tal. No puedo dejar de ser uno más entre esa gente que llora en las calles, y no puedo pedir clemencia porque sé que no me la darán; tampoco puedo escudarme tras el discurso retórico del izquierdista-irónico, izquierdista-cínico, que toma distancia y analiza sin tomar partido entre los que odian o lloran; hay un cierto coraje, más allá del fanatismo, de la ceguera política, de hacer el idiota, que subyace en todo esto quiéralo o no lo quieras. Hay un coraje en la manera en que cantan los Aldeanos, diciendo al pelo lo que a veces los intelectuales, los ensayistas, los que supuestamente son más libres a través del conocimiento no tienen cojones de decir al crudo. Hay cierto coraje en la manera en que Cortázar defendió a la revolución Cuba cuando el caso Padilla. Hay un coraje. Te vibra en alguna parte del cuerpo como un pájaro vivo, pero no todos tienen el valor de dejarlo libre. Ni siquiera los más selectos.

Observaba a hablar a la Compradora, su manera de vestir, el color de su piel, sus gafas polarizadas, su amabilidad, su embotamiento de animal, su mirada ciega hacia mí, y yo solo pensaba, qué pequeño soy frente a esto. Mirémoslo fríamente. A mí también a veces me da por sentirme especial, sentirme vacunado contra las pasiones que movilizan a las grandes masas, contra su música, sus telenovelas, su manera de vestir, pero de pronto se hace más nítido, ha estado ahí siempre lo que me une, me guste o no, a ellas. No sé qué representa para otra gente la muerte de Chávez, no sé si saben o se preguntan por qué lo lloran. Chávez se ha muerto, evidentemente no hace falta su cuerpo embalsamado, sino que continúe la obra de crear igualdad y eliminar exclusión, solo esto podrá sacar gradualmente a Venezuela, por ejemplo, de la violencia. De la virilidad que otorga poseer un arma.

Sé por qué, en un giro descaradamente retórico, le llaman populismo a abrir hospitales, universidades, generar empleo, y dirigir como ha de ser un inmenso gasto público hacia eso (a esto evidentemente le llaman dilapidar recursos); sé que incluso sin saber que lo hacen y esto no los exime de culpa (y en este punto son tan bárbaros y ciegos como la masa), quieren verse impolutos en sus pequeños paraísos, sin la contaminación, el mal gusto, los errores o la barbarie que acompaña a los sectores más pobres. Lo hacen simplemente por la misma razón que un carajito en un cerro se siente premiado con un arma. Y es que hay un error original en nosotros, en todo ser humano, que nos hace olvidar qué nos une a los demás, a la totalidad de seres. Ese error de fabricación, sino estamos bien despiertos nos hace olvidar que lloramos a Chávez, o nos conmueve su suerte, por una razón concreta, anterior a los discursos, al pudor estético, a la simpatía y a las consignas.

Si tú que me lees eres de los que lo llora, pregúntate por qué, hay algo concreto que atraviesa la relatividad de las emociones. Si, al contrario eres de los que te alegras por su muerte, por qué no sales de ti mismo, de la manera en que los subvaloras, y te preguntas por qué lo lloran ellos que son mayoría.

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5 Respuestas a “Por qué a Chávez

  1. ¿Por qué lloré? Te confieso que cuando supe la noticia lo que menos me preocupó fueron las dificultades materiales que podríamos experimentar los cubanos.
    Lloré con un dolor en el pecho que no me dejó ahondar en mis emociones. En ese momento lo único que me vino a la mente fue Cortázar y aquella carta que le escribió desde Argelia a Retamar donde le cuenta cómo, al saber de la muerte del Che Guevara, se encerró en el baño a llorar como un niño, y también a descargar su rabia y su ira. Eso era lo que recordaba, no sé si por analogía, por inferencia, por sentir que aquella escena que había leído hacía unos años una sola vez y se me había grabado en la memoria describía cómo me sentía, mucho mejor que cualquier cosa que pudiera decir, escribir y hasta susurrar.
    Lloré por el hombre, sin más atributos. Supongo que mi reacción está muy vinculada a que usualmente no digiero bien el tema de la muerte, de nadie, de amigos o de los no tan amigos, incluso de los enemigos declarados, hasta el fallecimiento de desconocidos me afecta. Leyendo ahora tu post, imagino que tiene mucho que ver con ese sentimiento de impotencia que le nace a uno de no poder hacer nada, de no poder influir, intervenir; tal vez sea por eso que me resisto a dejar ir a la gente.
    Chávez había sido un hombre bueno, una buena persona con una voluntad extraordinaria, y no merecía morir ahora. Además, con Chávez establecí una cierta comprensión que no puedo explicar, desde la primera vez que supe de él, que fue también la única oportunidad en que lo tuve cerca.
    Después escribí un post pequeño que fue mi homenaje. No necesité ir a la Plaza, o mejor, sí fui, pero me marché sin remordimientos, yo lo tenía conmigo y no me hacía falta pasar delante de un retrato para mostrar mi dolor. Sé que varios amigos no me entendieron, y sé también que el acto de ir iba más allá de rendirle un mero tributo a su imagen, pero así soy.
    Luego, creo que con el golpe de la noticia asimilado, lloré porque lo admiraba como líder político y porque en algunos momentos he llegado a sentirme celosa de la ola movilizadora que supo desencadenar en su país, y que quisiera que sacudiera el mío para ver si algún día logramos salir de la inercia, la inactividad, y los esquemas institucionales dentro de los que nos hemos acostumbrado a reaccionar, esperando lo orientado, lo pautado, sin dar posibilidades a la espontaneidad y la iniciativa.
    La verdad es que mi reacción inicial no fue llorar por mí o los míos, no me preocupé por Cuba ahora con Venezuela sin Chávez. Lo más probable es que se deba a la locura o la cordura de la ignorancia, prefiero pensar que es debido a mi optimismo inveterado, o a mi cinismo menos acendrado, que me dice que si nos hundimos, y cómo nos hundimos, está en nuestras manos. Nosotros solitos tendremos la responsabilidad de lo que nos suceda, con más o menos recursos materiales.
    Pero te miento, sí me preocupé por mí, y lo hice por motivos muy egoístas. Claro, eso fue ya dos o tres horas después de conocer la noticia. Pensé en mí porque ese 5 de marzo yo cumplí 32 años, y de alguna manera que no me interesa racionalizar, de pronto Chávez dejó de ser el presidente, el líder latinoamericano, el llanero popular (que no populista) que ayudó a una nación a encontrar su voz, sus manos y sus piernas, la figura que contribuyó a cambiar el mapa de la política internacional. No, Chávez comenzó a ser mis hermanos, mi mamá, mi papá, mis primos: sencillamente lo adopté, lo hice mío. Desde ahora y creo que para siempre, comparto algo con él: una fecha en el calendario. Aunque la mía marque la vida y la suya, la muerte.
    Te hago otra confesión, lloré también por otro motivo: por un momento me pregunté que nos hubiera pasado a los cubanos si Fidel hubiera muerto en el 2006, y ese pensamiento me paralizó, y me sirvió para experimentar la pérdida de los venezolanos y acompañarlos en todos esos días, en que llegaban a Caracas desde todos los rincones para ver por última vez a su presidente.
    Y ya, me parece que esas fueron mis reacciones iniciales, me extendí mucho, pero lanzaste una pregunta al aire, y esta es la respuesta más coherente que puedo hilvanar.

  2. El Charly, pa que tú veas, yo vine a llorar la tardenoche aquella en que Chely cantó a cappela “y si un día tengo que naufragar, y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar, en Venezuela”… en ese momento fue como si tomara conciencia de que en verdad él había muerto, había muerto un hombre bueno, y yo no lo había llorado aún, porque el llanto me viene cuando se le da su gana. Lo lloré allí, en medio de una fiesta, con lágrimas contenidas, y creo que lo lloré por la sensación de soledad que invade a Latinoamérica luego de la mala suerte de su partida.

  3. Pingback: cielo plomizo y gris | Supón

  4. Porque a Chavez, porque es mejor que le toque a el que a ti o a mi. Nadie es indispensable, aun cuando regala petroleo que no es de el. Peace.

  5. Por que llore a Chavez o por que aun lo lloro?? Nunca me lo pregunte así a fondo, solo se que el solo escuchar su nombre me hace temblar como aquella vez que pude estrechar su mano y no me salio ni una sola palabra,es curioso y aun me pregunto por que lo lloro mas a el que a mi abuela que hasta me dio de mamar y fue casi que mi madre, pero Chavez era mas que un hombre hermano, Chavez era ese ser que despertó a un pueblo entero y lo visibilizo, me cuesta creer que gente disfrutara esa perdida aun no logro creerlo, a veces creo que los venezolanos en una gran parte olvido lo que vivíamos en los barrios antes de la llegada de Chavez, incluso me duele ver que gente que no es de mi patria lo llore mas que los que lo tuvimos aquí, luchando día a día, dando lo mejor de el para que nosotros estuviéramos mejor, ahora pienso que lo lloro porque se que el quería vivir tanto, lo recuerdo llorar en uno de sus ultimas concentraciones por las ganas enormes que tenia de volver a caminar tranquilamente las calles de su pais amado, y que su sueño de estar en su chinchorro no se dio, y todo porque dio hasta su ultimo respiro por nosotros, creo que lo lloro porque se que nunca le podre retribuir todo lo que hizo por nosotros, porque siento que no merecía morir así, con tanto que dar, nosotros decimos que el cuerpo se le quedo pequeñito para tanta espiritualidad, tambien lloro a Chavez porque lo llevo en mis venas, porque no era solo un presidente, era un padre, un amigo, un lider, un maestro, Chavez era ese hombre que te hacia llorar solo por verlo, no se que era Chavez porque para mi era mas que un ser humano pero se que esta sensación en el pecho cuando escucho su nombre solo se siente por Chavez, son tantas cosas que a veces las palabras no logran expresar ni en un mínimo el por que se llora a Chavez. Hasta la victoria siempre mi Gigante, UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIA!!

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