Sobre mí, el blog y la blogosfera

Por Carlos Melián Moreno.

Ya olvidé las razones que me llevaron a abrir este blog hace creo un par de años. Creo que valen más las que ahora me llaman a seguir escribiendo, e incluso las que me llevan a valorar de muy positivo lo que dice Tunie que hace: solo poner post originales. Así que para no aburrir voy a tratar de desglosar todo lo que me lleva AHORA a bloguear, sabiendo que no lo diré todo, porque uno -al menos tengo ese sentimiento- es insondable la mayoría del tiempo. O como dijo Lenin alguna vez (de veras lo dijo, era un hombre muy inteligente) uno, o la época en que vive, es muy dinámica, tan dinámica que cuando escribes sobre algo logras solo una especie de fotografía que caducó segundos después. Así que probablemente cuando se lean este post, ya esté caduco.

Parto diciendo que para mi bloguear no es bloguear. Yo solo escribo y me lo tomo muy en serio. Me lo tomo quijotesco. Algunas veces tienes la oportunidad de que te paguen por eso, y que lo pongan en un medio en forma de artículo, pero otras veces no. Entre tanto lo que gano es poder encontrar una verdad dentro de mí y traducirla en palabras a través de frases desnudas, metáforas, símiles, malas palabras, interjecciones, etc. Eso para mí es un reto, una gimnasia, y si no paro en la locura, una forma importante de recaudar valor agregado: quiero decir que, independientemente de sin son buenas o no, son sesiones de investigación.

Ahora bien, la mayoría del tiempo mi blog sustituye las plataformas y los soportes convencionales: las revistas, los periódicos o boletines que no pueden publicar ya sea por formato, extensión o contenido, lo que yo quiero dar a conocer. Pero no siento que estoy constantemente montado sobre esta lucha porque yo tiendo a encontrar mi agujero. Quiero decir que regularmente publico en medios que sé que me pueden tolerar. Y estos medios son, no por casualidad, digitales. Este párrafo presenta problemas que serían muy largos de desarrollar, pero como sé que muchos de mis compañeros en este “Golpe” van a tratarlo y desarrollarlo seguramente mejor que yo, ya que algunos han vivido experiencias personales con la censura, voy a meterme a hablar de cosas que considero pueden pasar desapercibidas.

Cada texto es un reto, a veces gano y otras no. Pero es una batalla que disfruto primeramente yo mismo, y que me da tanto placer como leer, o construir algo de la nada. Con cada cosa que escribo casi siempre descubro algo nuevo: nuevas preguntas, por ejemplo, cuyas respuestas voy entonces a buscar a los libros, etc, he aquí que a priori tengo el orgullo de decir que hago lo que más me gusta, un requisito importante en lo de no hacer un trabajo enajenado.

Yo creo que escribo por varias razones, algunas son simultaneas y otras subalternas. Algunas están arriba en algún momento, salen a tomar aire como aquellas horribles clarias que encontramos en aquel pozo de pesadilla en la Cienaga de Zapata, y luego bajan, se esconden, pero están vivas, aportando lo suyo, moviéndose entre el lodo subacuatico de nuestras subjetividades, o de nuestro inconsciente, si es que existe.

Probablemente la razón más fuerte que tengo para escribir es creer que tengo algo que decir. Aquí hago un alto: aunque no soy modesto, quiero decir que no espero agregar nada nuevo al mundo. Para mí no se trata tanto de aportar como de subrayar algo que considero que la gente ha olvidado. Estoy convencido de que la gente se acomoda y se engaña, como mismo yo tiendo a acomodarme y a engañarme, eso me sucede diariamente.

Entonces como decía, me gusta creer que hago algo para que la gente despierte o se detenga a observar; no solo cuando escribo un artículo o un post (me parece horrible decirle post a esas cosas que escribimos en esta plataforma), sino cuando me propongo escribir para hacer una película.

Yo, por ejemplo, me escribiría ahora mismo un post a mí mismo diciéndome: ¡eh, estás loco, qué coño haces escribiendo un post cuando tienes que generar un guión de largo! A eso me refiero. Uno se duerme en los laureles. Pero al mismo tiempo siento que gano algo. A veces, por ejemplo, gano equivocarme, o gano en hacer el idiota: sentir cosas de las cuales luego puedo sacar rectificaciones o algunas líneas vividas. Eso es en general más o menos ganar músculos en este negocio o asunto de escribir sobre lo que le pasa a uno y a la gente.

Otras veces gano una de esas pequeñas criaturas: una buena metáfora o un buen simil. Son criaturas vivas. Viven en nuestras mentes, es decir, caminan un poquito más hacia dentro, llegan hasta donde las frases desnudas no pueden. Aunque parezcan literatura, si despertamos a ellas, si las utilizamos bien y nos despojamos de su aparente uso ornamental, veremos que su fin último es darnos un atajo luminoso hacia las cosas.

ESCRIBIR LITERATURA

Voy a profundizar mejor lo antes dicho. ¿No se fijaron que usé una metáfora para hablar de las metáforas? Bueno, pero no era por una intención ornamental. En verdad a mí me inquieta mucho cuando la gente me dice que escribo bien, creo que es un elogio muy superficial. Me inquietó mucho que una amiga hace unos meses dijera que mi post sobre el Nicho parecía literatura: yo me dije, ¿por ese agujero se va mi esfuerzo? mi post no es literatura, es sobre la vida, si no es vida, pues aspira a serlo. Las descripciones que hice ahí trataban de traer al presente, siempre al presente del lector, las cosas que yo sentí en aquel momento, la luz, el sonido, una raíz de locura. No hay nada retórico en ello, precisamente quise alejarme de lo retórico. Lo que puse allí era totalmente cierto.

Vemos aquí entonces otra de esas aberraciones: un esfurzo de comunicación total es llamada literatura. Y es que el continente literatura no califica incluso a la propia literatura, se ha ido, con el uso, petrificando. Lo mismo sucede con el periodismo, de pronto aparece un colega que usa metáforas y símiles en sus redacciones, en su intento de traernos la realidad y le llaman a eso literatura o periodismo literario. Bueno, si lo hace para adornar, o para atraer lectores, probablemente sea algo menos que literatura, pero si el tipo se esfuerza por llegar más lejos buscando una buena metáfora, entonces se equivocan, no es literatura, dejó de serlo paradójicamente en ese mismo instante: es vida. Y como tal es un trozo honesto, sincero, cruzado de contradicciones, miserias, etc, de la realidad.

Y es que en general la cuestión es esa: hasta qué punto la literatura es solo literatura. Me digo que si uno comienza a creer que el Quijote, o los cronopios son solo literatura, es decir, una especie de mundo de hadas que comienza y termina en sí mismo, y no refleja lo que podemos cuestionar de nosotros mismos, entonces sirve de poco escribir o leer un libro o un post.

Por suerte hay personas que no asumen la literatura como solo literatura, la aplican a sus vidas, la toman como faroles que le iluminan el trecho, o toman de ellas certezas cuando parece no haberlas, o compañía cuando se creían solos. Creen en los personajes y en las verdades que ellos manejan y hasta probablemente duerman con un libro bajo la almohada. Hacerse esa pregunta que leí por ahí: ¿Qué diría Cortazar, o Bolaño de mí, o que pensaría Huck Finn de esto que hice ahora? ¿Se burlarían de mí? ¿Y Quijano, o Ulises Lima o Sal Paradise? ¡Que grande pensar en lo que Quijano pensaría de mí! ¿no? Hacerse estas preguntas no solo es hermoso, ellas contienen el mejor sedimento, el sedimento crítico, que la literatura trae consigo desde el momento en que comenzó a ser crónica, y testimonio de las conquistas humanas como base para su superación. Pues en definitiva algunos personajes, algunos proyectos sociales no son más que esas ideas que nos hemos propuestos conseguir pero que por cobardía o imperfecciones propias, no hemos aun logrado.

Belén Copegui la escritora española, que ha sido publicada en Cuba (es muy buena incluso en sus libros malos, no se la pierdan), se hace a menudo una pregunta, algo así: ¿que debe hacer uno para que su manera de escribir no parezca literatura? Yo recién la comprendo: me hacía falta más que leer, padecer esa pregunta. Creo que también al mismo tiempo debe haber una actitud nuestra hacia lo que leemos que nos lleve a despertar y atravesar ese embrujo que conocemos como experiencia literaria. Las artes surgieron en efecto como fuga, pero ha avanzado algo la humanidad, y todo poeta sabe que no es solo para la fuga eso que produce. Probablemente esa función de fuga que extraemos acaso de la cultura clásica (griegos y romanos) correspondió siempre a eso que identificamos hoy en la zona más dormida y mercenaria de la cultura de masas.

Cuando escribo un post y cuando escribo cualquier cosa, esa especie de ética me llama. Debo hacer algo que aporte algo, lo más mínimo. A lo mejor lo único que aporto es una imagen: mi patética figura intentando aportar algo. Pero esa imagen sería suficiente. Los idiotas se reirían, mas no los verdaderamente inteligentes. Así que aunque parezca pretencioso en cada texto me propongo iluminar, o investigar sobre alguna cuestión de mi vida personal, o de la vida de otras personas que conozco, pues uno anda a menudo por ahí dándose golpes de cabeza contra paredes imaginarias. Así que recibir aquel elogio sobre lo escrito más bien genera en mí un efecto contrario, de decepción.

¿Puede la literatura (despojada ya de ser fin en sí misma) hablar de cada uno de nosotros como individuos? Respuesta: creo que sí. Pero cambiaría la pregunta. ¿Somos muy diferentes unos de los otros?, Respuesta: creo que no. Si no estoy en lo cierto, cómo explicar verme reflejado ante un poema de Vallejo, de Kavafis, en los de Rilke, en algunos versos de Gleivis Coro, y muchas otras cosas de Cortázar, Vargas Llosa o de la propia Tunie, Sheila o Chely y otra pila de escritores de talento que uno encuentra por ahí.

Para mí ha sido revelador llegar a intuir que hay líneas generales. Que los grandes y los pequeños problemas se repiten en ti, en ella y en mí. Y que hay personas encargadas de encontrarlos y sacarlos a un punto en que todos puedan comprenderlos y movilizarse en función de eso. Ese descubrimiento ha hecho que por momentos no me sienta culpable de mi virtud aporte; y que mi trabajo, o sea, escribir para un post, una revista, o una película, es necesario. Tan necesario como el trabajo de un médico o ingeniero que investiga la célula de energía que dentro de algunos años resolverá el problema de sustituir el petróleo.

Cuando muestras eficazmente esas miserias o alegrías, uno se ve reflejado en ellas y se comienza a conocer mejor, y comienza a estar más a salvo, o alerta ante el engaño propio, o ante el que nos infligen desde afuera. No sé en qué consiste la diferencia o lo diferente que a veces yo mismo saco como una banderita, quizá sea un ligero tono de locura que cada cual tiene en grado heterogéneo e irrepetible. Sé que tengo algo ahí que desvía mi conducta, algo con que me ha sido difícil lidiar algunas veces, pero hay algunas cosas que son verdaderamente idénticas en todos nosotros los seres humanos, figuras que puedes encontrar tanto en el San Juan de la Cruz del XVI y como en el Bolaño de ahora, y que ya ven: ni siquiera el tiempo modificó.

Yo honestamente me siento comprometido con mi país, pero a veces veo eso como un handicap. Tengo dentro ese chip de fábrica, que me introdujeron (como diría un sociólogo) en la escuela y tal, pero a veces creo que ese comprometimiento es incluso algo pobre. Uno debe comprometerse con toda la gente que se encuentra en el camino. Con los que conoce y con los que no conoce. Por eso quisiera que lo que escribo no fuera solo para cineastas, ni para cubanos; no quiero escribir cosas circunstanciales ni nacionalistas, ni con fines electorales, ni políticos; al menos no conscientemente. Las cosas que pongo, además, reflejan al Carlos que quiero ser. Algunas cosas que escribo sobre cine, por ejemplo, no sé si las podré hacer; no sé si tendré la capacidad mental o los cojones de hacerlas; a veces he estado a la altura pero otras no.

En mi idea de que el socialismo ha sido y es el mejor sistema al menos para un país pobre, sin riquezas naturales suficientes como Cuba, (un país muy descartable) hay nociones muy pragmáticas que creo atraviesan criterios ideológicos de confrontación, de hacer bloque político y tal.

Yo mismo estoy convencido que no soy político simplemente porque no me interesa. Pero el no interesarme no me exonera, más bien me culpa. Lo mío quizá sea intentar ser bueno en otra cosa: en lo mío. Lo que me quita el sueño es, en todo caso, poder escribir mejor, ganar en argumentos para que a los políticos de dentro o fuera de Cuba, los primeros secretarios del partido, los presidentes del gobierno, los ministros, y el propio presidente, acaso le cueste más, con tantos problemas en la calle, irse a dormir todos los días. Pero tampoco pienso en ellos cuando escribo. Escribo para la gente común, y ellos también son gente común; para que se les llene la cachimba de las cosas que me las llenan cotidianamente a mí. Mis post tienen esa responsabilidad con la crudeza por eso, hay un testimonio que se pasa por alto en los noticiarios, en los ensayos de la revista Temas. Un testimonio de desesperación, de locura que esos intelectuales con becas, viajes y conferencias, no padecen y pasan por alto.

La figura del político o de la política no me interesan en grado sumo. Evidentemente no escribo post políticos. Si quieren véanlo de este modo: escribo para ese sujeto anterior a la escafandra que debe ponerse el político. Escribo para ese momento en que no es todavía uno de la jauría, y es solo un hombre solitario que -como le dijo Fidel Castro a García Márquez (el colombiano inventaba muchas cosas, pero confiemos en la metáfora)-, solo quisiera pararse un día en una esquina.

TENTACIÓN DE PROTAGONISMO

Una cosa que he visto y experimentado en carne propia es la tentación de protagonismo que inyecta la blogósfera. ¿Hasta qué punto esa misma muchacha, Yoani no ha sido víctima de eso? Gracias a esa tentación la política encuentra a sus puntas de lanza. A mí, por ejemplo, que no me pasa nada importante casi nunca, me hace feliz que alguien me comente, porque los que te comentan son los que te leyeron. Pero me he puesto alerta contra eso, hay cosas que no he publicado justo porque me he hecho la idea siguiente: ¡eso va a ser un bombazo! trato de nunca publicar cosas bajo modos que sé me van a traer unas de esas ciegas legiones de comentaristas. Porque estoy convencido de que hay mucho de aburrimiento por ahí, y la gente de pronto se pone el traje de valiente (ah, que panorama más tragicómico, la blogósfera es solo un caso). Me interesa alejarme del truco y la retórica. La retórica es discurso sobre discurso, y no discurso sobre realidad.

Yo creo que de la manera en que lo he hecho -y no hablo solo de los post- he ido hablando de los mismos temas o nociones que me parecen medulares o castradores en el ser humano: las incongruencias, la falta de sinceridad, la doble moral, por decir algunos. Lo he hecho apuntando hacia otras partes, hacia campos que creo conozco más. Si pretendo alejarme de la noción “literatura” como cosa que termina en sí misma, de la misma manera aspiro a alejarme de hacer el showman o escribir bajo modos que comienzan y terminan en sí mismos: en este mundo no hay buenos ni malos, hay razones tras cada mierda que encontramos por ahí. Así que, aunque tener una hija es una razón contundente, no me he puesto ha hacer de pistolero por miedo, sino porque no me gusta el panfleteo, ni hacer eso que sucede cuando uno hecha migas de panes en un estanque lleno de clarias.

Eso pasa mucho entre el periodismo (en su forma oficialista, que es la que más conozco), y en todas las tendencias políticas de blogueros y realizadores audiovisuales. No son evangelios vivos ni siquiera a la hora de argumentar. Si una protesta o una loa no está bien argumentada ¿como aspirar a estar a la altura de esa unidad variable e histórica que es lo justo?; si no es un conocido a quien respeto por determinados valores (un criterio débil por cierto, pues atañe solo a mí) tiendo a ver a quien firma sin argumentos sin esfuerzo, como un charlatán. En la blogósfera por cierto, donde se trabaja sin editores ni burocracia, hay mucha tendencia a la charlatanería, quiero decir que es natural que así sea.

DESPEDIDA

Bueno, no sé si he respondido por qué escribo mi blog, que es en general por qué escribo cualquier cosa para ser publicada. Para terminar voy a agregar otra cosa a mi respuesta: y es ser sincero. No sé, me da satisfacción encontrar o poder decir lo que siento sobre las cosas, decirlo así, despojado de ironía, de la manera más ingenua menos intelectual menos acomplejada y más abierta posible. Esto lo hablábamos con Carlos (La Chiringa) !ah! , ser sincero, poder cagarse en todo, como a veces he visto que hacen Los Aldeanos, te da una satisfacción bien de pinga. Sé que esto parece autobombo, sé que me la estoy jugando, sé que parezco un guapo dándose en el pecho, pero algo de vanidad debe premiarme en mi mala vida: siempre he tratado de jugar al duro, sin ventajas; todo el que me conoce sabe que he llegado a limpiarme el culo con las ventajas. Como dice Chiringa, para ponerlo en boca de alguien que no soy yo: no tengo nada que perder. (es solo una manera de decir, siempre hay algo que perder, incluso sin querer dramatizarlo mucho, te pueden quitar hasta la libertad) Para mí, además, ha sido una forma de vengarme (como dijo Orwell también hay de venganza en esto de escribir). Es como estrujárselo en la cara a todo el que me ha jodido, demostrarle que puedo hacer mis cosas solo, sin palancas de ningún tipo: ni humanas ni retóricas.

Bueno creo que con lo que he dicho es suficiente ¿no? Ya estoy hasta echando guapería.

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4 Respuestas a “Sobre mí, el blog y la blogosfera

  1. Camilo Santiesteban Torres

    Carlos asere, tú eres un tipo volaísimo, además realmente destilas sinceridad , a veces de manera ingenua, pero muy tuya. Ciertamente creo que tienes cierto pase, pero sano y creativo. Límpiate con el que ataque sin analisis constructivo tu forma de ser individual en la blogosfera, en eso reside la esencia de toda esta caldosa. Te dije en la Ciénaga que hay un ejército de amigos(que busca más amigos) pa cuidarnos, criticarnos y crecer juntos. Nosotros AMAMOS Cuba, disentimos y tenemos fe en el sistema, somos ahora mismo, como la gente que ni siquiera sdabe que existimos, Cuba hermano, Cuba.

  2. Apoyo la opinión de Camilo de que tienes cierto “pase”. Es como si al cerebro humano le hubiesen dado enter antes de la última soldadura de cables, la más importante, y tú (no sé cómo) sí tienes esa soldadura hecha, y entonces todo te sale así, concatenado, como aquello de la concatenación universal o el efecto mariposa, que parece que juntas cosas que no tienen nada que ver una con la otra pero le das un sentido de TODO armónico. Me dio tremenda gracia aquello de que no te gusta la palabra post para estas cosas que escribimos; si supieras, a mí tampoco, pero no me gusta por algo más tonto aún: me cuesta un trabajo pluralizarlo!!!! jajajajaja. Lo de la literatura y el periodismo es una discusión que dejaremos pa después, porque nos da pa tres días. Yo creo que el Periodismo es un género de la literatura, uno de los primigenios y más complicados y respetables (y, sí, muy probablemente digo eso porque soy periodista). Fíjate, en la génesis de la literatura está el periodismo, gente queriendo hacerle llegar a otra gente su realidad inmediata, de hacerle el cuento de lo que está pasando para que el otro que está más lejos se entere: una carta puede ser periodismo, o las crónicas de viajes de un marino, o la novela de García Márquez donde noticia paso a paso un secuestro… en fin, lo enredamos más luego, pero no me los bifurques como si juntar ambos términos fuera sacrilegio, asere. Y ya, lo otro, que me cuadra un mundo la manera en que asumes esto de bloguear, sobre todo que te sumes a la vibra esta que nos mueve a los “blogueros guerrilleros” o como sea que nos nombremos. Para mí tú eres una voz imprescindible y que hayas escrito este texto y hayas sido parte del golpe, coño, para mí vale mucho. Gracias mano. Un abrazo.

  3. jajajajajajajajajajaj oye se contagiaron con cHARLY Y ESCRIBIERON UN PARRAFO LARGO, PA QUE VOY A HABLAR SI CADA VEZ QUE SACAS ALGO , NOS DEJAS CON LA MENTE EN REVOLUCION . UN BESOTE

  4. estoy de acuerdo con la nube. creo que precisamente el valor de la literatura, la buena literatura, es que se parezca a la vida, y no quiero decir que sea “realista”, sino que consiga expresar nuestros anhelos, preocupaciones, emociones, debilidades, motivaciones…cuando encuentro algo así, trato de conservarlo y que me acompañe. eso me pasa con tu blog, compañero jeje, sigue escribiendo como lo haces.

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